LA PLATA.- "Al fin se hizo Justicia", expresó Ricardo Barreda al retirarse de los tribunales de La Plata, rodeado de micrófonos y de preguntas. El odontólogo, que fue condenado a prisión perpetua por matar a su familia en 1992, quedó en libertad condicional ayer, y ya tiene pensado ir a la cancha para ver al club del que es hincha, Estudiantes de la Plata. "Ahora voy a poder salir a la calle a caminar ya que el arresto domiciliario me limitaba mucho", dijo Barreda.
La Cámara Penal de Apelaciones platense le otorgó la libertad condicional al cuádruple homicida, por considerar que el cómputo de tiempo transcurrido en prisión excedía el de la condena impuesta. Pero la medida oficial establece que el detenido deberá continuar un tratamiento psiquiátrico.
Eduardo Gutiérrez, su abogado defensor, reveló que los jueces habían rechazado una de sus aspiraciones: la libertad definitiva para el odontólogo. En ese sentido, Gutiérrez aseguró que Barreda deberá esperar cinco años para obtener su libertad plena y absoluta. Para ello, no deberá transgredir lo dispuesto por el tribunal.
Hasta hace poco tiempo, Barreda purgaba la condena bajo el régimen de prisión domiciliaria. Una salida a la farmacia generó polémica y lo puso en el ojo de la tormenta. Pero, según Gutiérrez, los jueces entendieron que esa salida estaba totalmente justificada. "No significaba un quebrantamiento de las normas impuestas", dijo el letrado.
Fanático
Barreda ansia ver jugar a Estudiantes de la Plata. "Es fanático, y el próximo partido que juegue de local vamos a tratar de asistir. Supongo que querrá conocer el Estadio Único", enfatizó Gutiérrrez.
El homicida regresó ayer a la tarde al barrio porteño de Belgrano, donde vive con su actual pareja, Berta "Pochi" André, a quien conoció en prisión.
"Barreda viene cumpliendo con todos los requisitos (para obtener la libertad), y entendemos que no hay ningún motivo para que no pueda seguir cumpliendo progresivamente con la pena", dijo el camarista Pedro Soria. Él y su par, Silvia Oyamburu, le concedieron la libertad condicional.
En 1995, Barreda fue condenado por haber matado a escopetazos a su esposa, Gladys McDonald, de 57 años; a su suegra Elena Arreche, de 86; y a sus hijas Cecilia, de 26, y Adriana, de 24. El crimen había sido perpetrado el 15 de noviembre de 1992, en su casa de La Plata.
El odontólogo contó que su mujer insistía para que limpiara telarañas del techo; al buscar esos elementos, halló la escopeta con la que cometió la masacre. Barreda aseguró que las mujeres lo sometían a maltratos y humillaciones.
El odontólogo había conseguido en 2008 que la Justicia le otorgara el arresto domiciliario. Ahora, volverá a caminar tranquilamente por las calles porteñas. (DyN-Télam)